jueves, 31 de octubre de 2013

una de l@s antigu@s niñ@s


Hoy me he despertado inquieta. Algo estaba bullendo en mí. Durante el día me ha ido embargando una sensación de urgencia, de que tenía que hacer algo importante ¿pero qué?. Expectación. Agitación. Me han entrado ganas de meterme en una cueva, de oler la tierra, de descalzarme, de aullar a la luna y de pujar. ¿¡¿De pujar?!? Sí. Me he sentido nuevamente pariendo. Visceralmente pariendo. Y he caído en la cuenta que esta noche es Samhain, noche de aquelarre, de encuentro con los ancestros, de cerrar círculos y abrir otros.
Y entonces lo he sabido, es el momento de compartir la cosecha, de dejar volar la información, de renacer como una de l@s antigu@s niñ@s.
Comadres, he vuelto.
Si gustáis nos encontramos en mi nuevo blog una de l@s antigu@s niñ@s
ika tawa

"Dado que las mujeres y los no-blancos han protestado con suficiente fuerza, se ha consentido finalmente en otorgarles el estatuto de oprimidos. Pero todavía no se piensa en los niños, porque callan. 
De todos los oprimidos que poseen el don de la palabra, los niños son los más mudos. 
Los gritos y el furor que emanan del grupo no son considerados una protesta inarticulada, sino un hecho natural: los niños, ya se sabe, gritan. Sin embargo, ningún ser grita sin motivo. 
“Los niños” (la única definición precisa y aceptable del término es la de la ley: personas de 0 a 18 años) carecen de medios para expresarse. Tampoco se les invita a hacerlo, ya que las decisiones que les conciernen se toman sin preguntarles su parecer.
Creen que no saben nada, ya que se les llama ignorantes a pesar de que reciben instrucción durante seis horas diarias. Y por encima de todo, no se atreven a levantar la voz, ya que su supervivencia depende totalmente de los adultos, que no permiten que sus Obras se pongan en cuestión, estas obras que son la obligada herencia de las personas que hoy son jóvenes, y mudas. 
Los adultos hablan por los niños, como los blancos hablaban antes por los negros, y los hombres por las mujeres. Es decir, por arriba y desde fuera. 
Entre los adultos que hablan como quieren de los niños, y los niños que no pueden hablar por ellos mismos, la vía es angosta. Y la mixtificación funciona.
Sin embargo, habría que buscar una salida. 
Porque, después de todo, ser “adulto” sólo es una elección, mediante la cual se olvida, y se traiciona. Todos nosotros somos antiguos niños. No todo el mundo está obligado a olvidar. Y en esta peligrosa situación a la que nos ha conducido el ciego juego adulto, y a la que se quiere conducir a los más jóvenes, un número cada vez mayor de antiguos niños que no han perdido la memoria se sienten obligados a ponerse urgentemente del lado de los niños.
Si se ha vivido mucho tiempo en la ciudad, se conoce perfectamente la mecánica del juego adulto. Puede descubrirse el mecanismo.
Como antigua niña que ha conservado la memoria, me acuerdo de que la dependencia nos ponía una mordaza, que la educación nos vendaba los ojos, imponiéndonos no sólo conductas sino formas de sentir conformes al proyecto adulto que invalidaban nuestra propia experiencia. 
Podemos decirlo, y la experiencia confirmarlo. No se habla desde fuera "acerca" de los niños, se habla desde dentro, y de uno mismo. 
Este no pretende ser un trabajo objetivo. Pero es que los niños no son objetos. 
En este estrecho margen sitúo mi intento: hay que empezar en algún sitio.
Esto implica que, si no como niño, sí como antiguo niño hay que leer lo que sigue.
Una de entre los antiguos niños.”
"Les enfans d'abord"
imagen extraída del video clip "Glósóli" de Sigur Rós

miércoles, 25 de julio de 2012

despedida y cierre: ¡queda des-inaugurado este blog!




Me faltan horas para jugar, para subirme a los árboles, hacer castillos de arena, meter las manos en agua, apilar ramas y piedras, hacer rodar coches y volar aviones, leer cuentos, inventar canciones, sumergirme en el universo de mi bullicioso hijo.
Me faltan horas para arrebujarme junto a mi compañero, para hacernos carantoñas, susurrarnos tonterías, cenar sin prisas y con música, pasear bajo la luna naranja de agosto, amarnos despacio y largo, rencontrar el hilo dorado que une nuestras almas y liar nuevos sueños cómplices.
Me faltan horas para sentarme a hacer nada, para leer moreneándome en la terraza, para salir a cenar con las amigas, para volver a pintarme las uñas de los pies, para darme un masaje (y otro más por puro vicio), para bailar hasta caer rendida, para pasarme toda la mañana colgada al teléfono hablando con mi gente.
Me falta tiempo para escribir en mi diario, para pensar, para entrar dentro de mí y rencontrarme con esa nueva yo que está creciendo, para desenredar las pasiones nuevas y entretejerlas con las rencontradas, para peinar las alas, para tejer los sueños y echarlos a volar, para materializar los proyectos que me hacen vibrar.
Secuelas de haber encontrado la pasión por la vida. ¡Me falta tiempo para Vivir!

artista: Margarita Sikorskaia
Aunque no me engaño. No es tan solo cuestión de tiempo.
Sé que ha llegado el momento de cerrar este espacio, de recogerme, de reposar lo aprendido, de hablar y mirar para dentro en lugar de hacia fuera, de saborear con calma lo que resta del puerperio, de aclarar ideas y sentimientos y tomar fuerzas para iniciar nuevos proyectos que vienen rondándome y reclaman espacio y energía. Es mi momento de cerrar este círculo para poder avanzar en la espiral.
Lo sé desde hace semanas y aun así me he resistido a despedirme.
Y ahora que lo escribo soy consciente de las similitudes entre este hecho y la etapa por la que mi hijo está pasando ahora mismo, alejándose de un espacio de referencia en el que se siente comprendido, seguro y nutrido para explorar poco a poco lo desconocido.
Sí, me resulta curioso comprobar como la empatía va en doble dirección, como 19 meses después seguimos siendo una diada que nos movemos en el mismo sentido aunque sea en diferentes planos.

¡Ya me he vuelto a ir por las ramas! ainsss, como me cuesta desapegarme.
Siento una mezcla de tristeza y alegría. Porque crianza corporal para mí no es un tan solo un blog, es un espacio simbólico, un nido en el que me he recostado mientras yo misma me hacía nido y el volar fuera, aun siendo decisión propia, me ilusiona y apena al mismo tiempo. Cosas del crecer, imagino.

artista: Chelín Sanjuan
No es necesario decir mucho más. En realidad con el título hubiera sido suficiente. Y sin embargo este espacio no existe porque sea necesario, sino por placer, y deseaba despedir este pedacito de mí con la misma ilusión y mimo con la que lo abrí.

Incluso con más mimo, porque llegue hasta aquí desnuda, sin saber muy bien por o para que, guiada tan solo por la fragancia de la fraternidad y la franqueza que intuía en la blogsphera maternal,  y ahora me voy envuelta en un capullo de seda de sentires compartidos, arropada con vuestras palabras, nutrida con vuestros comentarios, emocionada con vuestras visitas, acompañada por nuevos vínculos.
Aquí, en la red virtual, he encontrado durante todo este año una tribu real y junto a vosotras he descubierto mi genuina manera de maternar. Formáis parte de las raíces con las que ahora creo mis alas. Sois parte de mi familia ecológica.

Gracias a todas las que os habéis cruzado en mi camino durante este tiempo. Y a todos. Ha sido un descubrimiento y un placer conoceros.


¡un enorme y mágico abrazo
de cuerpo y alma!
artista: Margarita Sikorskaia
¡hasta siempre comadres!

jueves, 19 de julio de 2012

mi vida conmigo



Bajo las escaleras del metro, deseosa de llegar a casa después del trabajo. A mitad de tramo, entre el tumulto de gente apresurada, veo a una mujer cargando a pulso una sillita con un niño de un año, al tiempo que intenta convencer a otro niño de unos dos añitos, para que no se pare y la permita avanzar.
Lleva en los ojos esa mirada de desesperación e impotencia que en muchas ocasiones vestimos las madres.
Empatía de madre. Me dirijo hacia ella.
-“¿Te ayudo?” - y tiendo las manos para sujetar entre las dos el carrito.
-“No, mejor ayúdale a el a subir” me dice con una sonrisa de alivio, señalando al niño mayor.  Me agacho a la altura del niño y le ofrezco la mano
-“¿Te ayudo a subir?” “¡Noooo! ¡Quiero a mamá! ¡¡¡Quiero a mi mamá!!!” – chilla - “¡hace mucho viento!”  - me dice en voz más bajita.
-“¡Ahh, en eso yo si puedo ayudarte!” Y con una maño estiro el pañuelo floreado que llevo al cuello y hago una vela que se infla con la corriente de viento que hay en el túnel.
El niño me mira y se ríe.
-“Corre, corre, escóndete del viento” “Ánimo, ven, que cabemos los dos” - y siguiendo los movimientos del pañuelo subimos los escalones hasta llegar arriba.
-“Gracias”, me dice la madre.
-“No es nada”.
Sonrío y comienzo a bajar de nuevo.
A mitad de camino oigo la voz del niño “¡Grassiasss!”.

Cuando llego al andén me doy cuenta que estoy llorando. La mirada y la risa del niño me han tocado el alma. ¿¡¿Gracias?!?
Soy yo la que me siento enormemente agradecida por su “¡Grassiasss!”, por su confianza, por su alegría.
Infinitamente agradecida y sorprendida por esté bolsón de maga lleno de recursos que  me ha crecido de no sé donde y que ahora (casi) siempre está repleto de palabras y juegos que hace tan solo un par de años ni en sueños se me hubieran ocurrido.
Siento que la emoción me desborda y contengo las lágrimas hasta que llego a casa. Necesito intimidad para dejar aflorar todas estas sensaciones que me embargan.
Es cruzar la puerta de casa y comienzan a fluir como un torrente. Sollozo desde dentro, recorrida por un coctel de emociones que ya ni intento definir. Me siento al mismo tiempo alegre, triste, aliviada, dolorida, confusa, vibrante, lúcida, agotada, asombrada… ¡¿¡viva!?!

Lo confieso, de un tiempo a esta parte cada día me sucede algo que me conmueve, me trastoca, me refresca. Mi vida es un tiovivo de encuentros fortuitos, “coincidencias”, “causalidades”.
Se me posan las libélulas en las manos, me vienen a visitar a la cocina los colibríes, me cito a ciegas con otros blogueros y parece que nos conociéramos desde siempre, hablo con conocidos de toda la vida y me suenan extraterrestres, mi blogroll parece el oráculo y siempre me encuentro el post con las palabras que necesito escuchar  en ese momento…
Es una sensación difícil de describir, algo así como las cosquillas en la nuca, placenteras e inquietantes al mismo tiempo.

Tal vez por este acumulo sincronicidades estos días me siento extranjera en mi piel. Como si no cupiese en mi propio cuerpo. Pero no en plan de "he engordado unos kilos y no me entran los pantalones". No, es más bien una sensación que recuerdo vagamente de cuando era niña, algo así como "¡se me han quedado cortos los pantalones!"
Y ahora que lo pienso tampoco es bien, bien así, sino quizá justo lo contrario. Es como si mi alma se hubiera ensanchado y necesitara más cuerpo para albergarla. Aunque probablemente estaba ahí, tímidamente encogida, y era mi cuerpo el que había crecido a mujer dejando mi alma de niña abandonada en el camino.

Increíblemente maravilloso. Algo así como descubrir nuevas habitaciones en mi propia casa. Habitaciones que siempre han existido y que llevaban tiempo cerradas. Y de repente las puertas se van abriendo y voy descubriendo nuevos salones, tal y como los dejé de niña. Algunos aún brillantes y luminosos, otros sombríos y destartalados. Un montón de nuevos espacios que habitar. Rencuentros ineludibles.
Hay días que explorándolos encuentro arañas bajo la alfombra y salgo corriendo asustada a esconderme tras las cortinas. Otros me topo con dragones que me invitan a subirme a su lomo y volar hacia nuevos horizontes.
A veces nené se viene también conmigo en estos viajes y me ayuda a desempolvar los salones con su risa y su inocencia, con su llanto y su frescura,  desenterrando juntos los tesoros escondidos.


Ilustraciones: Michael Parkes
No sé si esta creatividad arrolladora y esta sensibilidad a flor de piel serán cosa del puerperio.
Sé que con la maternidad me estoy trasformando por completo.
Sé que cada día me siento un poco más plena y, aunque a ratos me duela crecer, cada día disfruto más de mi vida conmigo.